A veces pienso que si bien mi noviazgo con el flaco loco me hace crecer permanentemente, en otros sentidos pienso que definitivamente estoy involucionando.
El viernes fui a estudiar medieval a lo de una compañera.
Llegué a Once, toqué el timbre, bajaron a abrirme, y mientras subíamos en el ascensor, pensaba, "Que no esté, que no esté".
Pero sí, estaba. Ahí me entero de que se llama Marcelo, y no Lucas, como yo creía, o al menos tenía cara de llamarse así.
Mesa redonda. Eran tres, conmigo cuatro. Me toca la silla justo enfrente de él.
Hasta ese momento habíamos cruzado ¿dos, tres? palabras y me había parecido, digamos, lindo. No me pregunten cómo, ni por qué, pero ese sentimiento digamos, simpático, unas olitas inocentes de bandera celeste (de esas que vi solo una vez a los siete años en Las Toninas, después siempre rojo o rojo y negro) se transformó en un maremoto con ola gigantesca al estilo "Una tormenta perfecta" o la remake de "La aventura del Poseidón".
Lo único que puedo decir es que el flaco me explicaba algo sobre unas sociedades de base campesina, y yo pensaba cómo carajo hacer para lucir natural, porque todos los que me conocen saben que soy más transparente que papel de calcar, y poner cara de estar comprendiendo, mientras por mi cabeza pasaban pensamientos del tipo: " te mato te mato si te agarro te doy hasta pasado mañana" y cosas por el estilo, digamos de dos equis para arriba.
Y esto qué tiene que ver con involucionar? Básico: le pasaba un mate, el flaco sin querer me rozaba mi manito para agarrarlo, y yo me ponia color rojo semáforo, no sé qué dijo y en vez de levantar el pulgar en señal de aprobación, le guiñé el ojo, me quise hacer la inteligente y quedo como una idiota, en fin, todas esas cosas juntas.
Además de todo esto, mi actitud no es ni una vigésimo séptima parte de lo que solía ser, por lo tanto me mira como si le chupara un huevo.
Para rematarla me la pasé el fin de semana escuchando Oasis, así termino de poner las últimas paladas de tierra sobre mi autoestima.
Ya estoy pensando en un par de estratagemas. Bah en realidad una sola: al final de la cursada decirle que me gustaría ir a tomar algo con él y que si está interesado le pida mi teléfono a Lucía. O darle mi número en un papelito cosa que no tenga forma de decir nada y yo diga ay me tengo que ir estoy súper apurada así si no me llama y no le importa no me tengo que andar preocupando por comerme un rechazo face to face.
Ok ok está todo en mi cabeza. A veces quiero tener esa capacidad de antes, de que si alguien me gustaba (está bien eran todos bichos pero igual representaban esfuerzo) decía quiero ese, como quien elige limpiavidrios en góndola de supermercado, y a la bolsa. En la mayoría de los casos no me llamaban más pero el objetivo inicial estaba cumplido.
De eso, ni la policía científica de CSI: Las Vegas podría hallar rastros. Los sábados a la noche tengo sueño, a la segunda birra ya estoy medio (¿medio?) mamada, tengo más panza, cuando voy a una fiesta, tener que ponerme linda representa un esfuerzo, la gente que me empuja me pone de mal humor, los flacos que me dicen, ¿bailás? me aburren, y a las tres y media de la mañana pienso por qué no le hice caso al flaco y me quedaba en casa.


