Me acuerdo que a los 11 iba a nadar al Ateneo Cecchina, por Congreso.
Nunca fui flaca, siempre fui lo que suelen decir "rellenita", "maciza", gordita bah. Aunque ahora por suerte estoy más estilizada, no pienso dedicarme a comer rúcula para que los demás esten contentos. O trueco mi metabolismo con el de esas personas que comen y comen y no engordan o nada señores.
Hace poco me acordé de un sujeto que iba a las clases tmb. Se llamaba Hernán y estudiaba en el Colegio San José, un colegio re careta que quedaba cerca del Cangallo, menos católico y mucho pero mucho más progre, o sea donde estudiaba yo.
No sé por qué motivo pero me acordé del infeliz ese. A mí me parecía lindo, no lo voy a negar. Bueno a mí me parecían, me parecen y me parecerán prácticamente todos lindos.
Este sujeto junto con otro estúpido más que no recuerdo el nombre, por suerte mi cabeza me impide almacenar datos inútiles, se dedicó a hacerme la vida imposible durante todo ese puto año en el que fui a nadar ahí.
Me decía que con las piernas que tenía podía competir en la categoría pesos pesados, y cosas de lo más agradables.
Lo que no entiendo es cómo carajo me banqué al pelotudo ese durante tanto tiempo sin decirle nada más que "pará estúpido".
Entonces pienso, qué hubiera pasado si en vez de empezar a entrenar a los 21 lo hubiera hecho diez años antes? Probablemente, le hubiera bajado un par de dientes en la piscina, lo cual hubiera sido sumamente problemático: no sólo por el gope que se hubiera comido sino porque seguramente hubiera tenido un principio de ahogo. También es cierto que en el agua uno camina más lento, por lo tanto acercarme hasta mi víctima me hubiera costado demasiado esfuerzo. Alguna forma hubiera encontrado. Lo que es seguro es que no me iban a dejar entrar más ahí.
Saben qué? Si tuviera una máquina del tiempo, definitivamente lo haría.
1 comentario:
Pues si, a los imbéciles hay que tratarlos como tales y no dejar que nos contaminen con sus imbecilidades. Yo también tengo un par que se hubieran merecido un para de golpes para enderezarles las ideas.
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