10 ago 2007

De altas (y bajas) pendejas

Siempre las envidié, las admiré, las odié. Siempre. Desde que era pequeña y el tratamiento de hormonas me hizo engordar como un chancho, pasando por la secundaria, donde las que estaban buenas cambiaban de novio como de protector diario. Las seguí odiando en la vereda, en el cine, en las fiestas, en todas partes siempre estaban las divinas para recordarme que en la distribución de encantos naturales yo salí desfavorecida, siempre en esa categoría hibrida de ser gordita, así, simpática, buena onda, pero no deseada. Si a los 15 hubiese existido alta pendeja me hubiese encantado que publiquen una foto mia haciéndome la sexy para que cualquiera la mire y me alabe (aunque no calificaba para ello).
Justo encontré una entrevista en la que salía un par de pibas sacándose fotos y explicaban lo que había que tener para ser una altapendeja. Actitud, buen culo, buenas tetas, ser bieeeeen perra.
También encontré un spot para tv donde pasaban algunas fotos con una musica electro con base de Beethoven, y cada compás resaltaba contundente la gloria de estas ninfas confundidas entre el resto de nosotros, los simples mortales.
Y entendí lo que debería haber entendido hace mucho. Que ni vale la pena calentarse tanto por ser como ellas (ni que hablar de intentarlo, el yogur bajo en calorías, no va conmigo, solo lo saboreo con zucaritas). Cada uno tiene sus talentos. El mío, no sé muy bien en qué consiste, pero pienso que a la edad en la que la gravedad nos iguala, yo voy a tener un doctorado. ¿Ellas? No sé, ojalá que sean felices: lo importante es que ya no las odio, sólo no me preocuparé más por hacerme la cabeza. Pienso que algunas deben ser minas realmente copadas o buenas minas pero todo el mundo solo piensa en ellas como un culo y eso debe ser triste.
Por este lado, ya me cansé de autocompadecerme. Me gusta divertirme, no me gusta hacerme la sexy, y definitivamente, no colgaría en la web fotos mías en ropa interior. Y soy feliz así.

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