Ayer estaba coqueteando (sin darme cuenta) con un compañero que me encanta (como tantos otros) y al que sólo le caigo simpática (igual tampoco me late el corazón con más fuerza cuando lo veo) en un recreo y el compañerito-no- tan- compañerito me clavó sus lindos ojitos en reiteradas oportunidades. Hacía tiempo que no sentía una de ESAS miradas; no una ojeada de refilón, como quien no quiere la cosa. Esto era otra cosa. No lo puedo describir, pero sé que no le gustaba lo que veia.
Monté una escenita sin darme cuenta. Creo que al fin estoy haciendo las cosas bien.
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